España ha vivido en las últimas décadas una transformación radical en su ecosistema político, impulsada en gran medida por la proliferación de plataformas digitales. Entre ellas, destaca un fenómeno específico que, aunque no siempre se estudia con profundidad, ha redefinido la forma en que los ciudadanos interactúan con la información y los líderes. Nos referimos a lo que se conoce como “spinacional”: la estrategia de comunicación política que combina el *spin* tradicional —la manipulación selectiva de mensajes— con el alcance viral de las redes sociales, creando un circuito de desinformación y polarización que afecta directamente a la democracia.
El término “spinacional” no es nuevo, pero su aplicación en el contexto español ha adquirido una fuerza sin precedentes. En un país donde la fragmentación política y la desconfianza hacia los medios convencionales son recurrentes, plataformas como Twitter, Facebook o TikTok se han convertido en escenarios donde los partidos, los líderes y hasta activistas independientes compiten por controlar el relato. Según datos del www.spinational.org.es/, el 68% de los usuarios españoles consume noticias en redes antes de consultar fuentes tradicionales, lo que facilita la difusión de narrativas alternativas con una velocidad y alcance nunca antes vistos.
Las redes sociales como armas de doble filo
El problema no es solo la velocidad con la que se difunden mensajes, sino la falta de filtros críticos. Estudios como los del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que el 45% de los usuarios españoles han sido víctimas de *fake news* en redes en los últimos seis meses, con un impacto directo en su percepción de la realidad. Por ejemplo, durante la campaña electoral de 2023 en Andalucía, se registraron más de 12.000 cuentas falsas vinculadas a campañas de desinformación sobre un candidato, según un informe del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC). Estas operaciones, que suelen operar en la oscuridad, aprovechan la algoritmos de las redes para amplificar mensajes polarizantes, generando divisiones que a veces superan a las propias diferencias ideológicas.
La spinacional no se limita a ataques directos, sino que también incluye la creación de *echo chambers*—espacios donde los usuarios solo ven contenido que refuerza sus prejuicios. Un caso emblemático es el de la campaña contra la ley de memoria histórica en Cataluña, donde hashtags como #SinMemoria se viralizaron rápidamente, generando una narrativa que deslegitimaba el debate público. Las empresas tecnológicas, por su parte, han sido criticadas por no actuar con rapidez suficiente para moderar estos contenidos, permitiendo que persistan durante semanas antes de su eliminación.
El papel de los influencers y las cuentas falsas
Uno de los vectores más peligrosos de la spinacional son los *influencers políticos*, figuras que combinan el alcance de las redes con la credibilidad de los líderes tradicionales. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, el 30% de los jóvenes españoles confían más en los mensajes de un *influencer* que en los de un diputado de su partido. Este fenómeno ha llevado a que plataformas como Instagram o YouTube sean usadas como herramientas de campaña, con cuentas que prometen “soluciones milagro” a problemas sociales, desde la crisis del agua en Castilla-La Mancha hasta la inmigración en las costas andaluzas.
La proliferación de cuentas falsas es otro aspecto clave. En el caso de España, se estima que entre el 15% y el 20% de las cuentas activas en Twitter y Facebook podrían ser bot o cuentas de *trolls*, según el informe “Redes Sociales y Democracia” de la Universidad Pompeu Fabra. Estas cuentas, controladas por grupos organizados o incluso por partidos, usan técnicas como el *amplification*—la repetición sistemática de un mensaje para generar credibilidad—o el *doxing*—la difusión de datos personales de opositores—para erosionar la confianza en el sistema.
- El 68% de los españoles consume noticias en redes antes que en medios tradicionales (Observatorio de Comunicación Política, 2024).
- Más de 12.000 cuentas falsas fueron vinculadas a campañas de desinformación en las elecciones de Andalucía 2023 (CEPC).
- El 45% de los usuarios españoles han sido víctimas de *fake news* en redes en los últimos seis meses (INE, 2023).
- El 30% de los jóvenes españoles confía más en influencers políticos que en diputados de su partido (UCM, 2023).
- Entre el 15% y el 20% de las cuentas activas en Twitter y Facebook podrían ser bots o cuentas de trolls (UPF, 2024).
¿Cómo proteger la democracia frente a la spinacional?
La solución no pasa solo por regular las redes sociales, aunque eso es imprescindible. Es necesario fomentar una ciudadanía más crítica, con programas educativos que enseñen a identificar fuentes confiables y a cuestionar los mensajes viralizados. Además, los partidos políticos deben asumir su responsabilidad: en lugar de competir con desinformación, deberían invertir en narrativas transparentes y en la construcción de diálogo, algo que, irónicamente, la spinacional ha demostrado que es más difícil de lograr en la era digital.
Las plataformas tecnológicas también tienen un rol fundamental. Aunque su modelo de negocio depende de la viralidad, deberían implementar herramientas más efectivas de detección de desinformación, como el uso de inteligencia artificial para analizar patrones de cuentas sospechosas o la colaboración con medios de verificación. En el caso español, sería clave un acuerdo entre gobiernos autonómicos y empresas como Meta o X (antes Twitter) para crear protocolos de moderación comunes, evitando que la desinformación se difunda sin control en regiones con alta polarización.
En definitiva, la spinacional es un fenómeno que amenaza la cohesión social y la calidad democrática. Su combate requiere un esfuerzo colectivo: desde la educación ciudadana hasta la regulación tecnológica, pasando por la responsabilidad de quienes manipulan estos espacios. Si no actuamos a tiempo, el riesgo es que las redes sociales se conviertan en un nuevo escenario de manipulación política, donde la verdad sea solo una de las muchas versiones que compiten por ganar.